
Janucá es una fiesta de ocho días que conmemora un milagro de luz que ocurrió después de que Dios liberara al pueblo judío de sus opresores sirio-griegos.
Cuando piensas en Janucá, es casi seguro que te viene a la mente una menorá de Janucá. Este candelabro icónico en realidad se llama januquiá y es diferente de una menorá. Una menorá tiene siete brazos, mientras que una januquiá tiene nueve portavelas, incluyendo uno apartado de los demás.

Janucá y su candelabro están cargados de significado. Janucá es una conmemoración de ocho días de una victoria, un milagro, la luz y una rededicación. La fiesta también se llama la Fiesta de las Luces y la Fiesta de la Dedicación.
En el siglo II a.e.c., Antíoco Epífanes gobernaba el Imperio Seléucida, que incluía Judea. Prohibió las prácticas judías, quemó la Torá y castigó violentamente a quienes observaban las tradiciones judías. Profanó el Templo erigiendo un altar a Zeus y sacrificando cerdos dentro de sus muros sagrados.
Un pequeño grupo de combatientes judíos, liderado por Matatías y más tarde por su hijo Judá Macabeo, se levantó contra esta opresión. Contra todo pronóstico, derrotaron al poderoso ejército sirio-griego y recuperaron el Templo.
Cuando los Macabeos fueron a rededicar el Templo, encontraron solo una pequeña vasija de aceite consagrado —suficiente para encender la menorá del Templo por un solo día. Milagrosamente, ese aceite ardió durante ocho días, dándoles tiempo para preparar nuevo aceite consagrado. Este milagro es la razón por la que celebramos Janucá durante ocho noches, encendiendo una vela adicional cada noche.
Janucá es una fiesta para celebrar la fidelidad y la provisión de Dios. Nos recuerda que Dios puede usar a unos pocos para vencer a muchos, y que Su luz brilla incluso en los tiempos más oscuros.
Para los judíos mesiánicos y los cristianos, Janucá tiene un significado especial. El propio Yeshúa (Jesús) celebró esta fiesta, como se registra en Juan 10:22–23. Él es la verdadera Luz del Mundo, y Janucá nos señala hacia Él.